En memoria de Angie

Tengo que admitir que cuando primero conocí a Angie, me cayo mal.  No había sido por introducción personal, sino por tropiezos en el pasillo el cual primero tuvimos nuestras interacciones. Sin duda, nuestras primeras interacciones fueron superficiales, un ‘hola’ o saludo de vecinos de pasillo.  Angie, sin que yo lo supiera, era una figura de poder en el núcleo del Partido Popular Democrático (PPD). Con el pasar de los años, y el desarrollo de mutuo afecto, nuestras interacciones se profundizaron. 

Aun así, Angie me solía decir, sobre lo que le decía o no le decía a uno que otro gobernante—lo que usualmente tomaba livianamente como ‘flights of fancy’ de su imaginación. No tenia un botón o insignia que la demarcara visiblemente como mujer de poder.

Al llegar al funeral este domingo, nunca me imaginaria que me toparía con la ‘crema de la crema’ del poder politico puertorriqueño.  Varios senadores y legisladores, como Eduardo Bahtia, Luis Vega Ramos, Jose Nadal Power, Julio Vizcarrondo, e incluso ex-gobernadores como Sila Maria Calderon y Rafael Hernandez Colon estuvieron en esa sala de misa. “Ay mi madre”, como suele decir una compañera.

Los comentarios hechos en la sala revelaron un aspecto de la vida de Angie, del cual solamente tenia liviana sugerencias de su existencia.  Angie  unía a la gente; su tía lacrimosamente comento que Angie ya estaba formando algún comité popular en el cielo.  Algunos de los rasgos que mas la caracterizaban, destaco la ex-gobernadora, son raros en la política:  su aplicación sistemática y el énfasis del detalle para todo tipo de asunto y/o organización de partido. Angie trabajo en la Fortaleza por décadas; pero también era una ferviente soldado de campaña política.

No cabe duda alguna que Angie sentía ‘en sus huesos el ‘puertorriqueñismo’, como pocos de las nuevas generaciones parecen sentir hoy dia. El partido, y lo que para ella representaba, parecía servir como su propósito de vida, su misión de espirito, o como dirían otros, su vocación. Solo puedo imaginármela a ella como joven que en un punto tuvo que haber sido expuesta a la poderosa retórica publica de Luis Muñoz Marin—una vision de mundo tan poderoso que profundamente alteró el rumbo de su vida. Como se dijo en la misa, Angie hubiese estado muy complacida con el color rojo de la urna en el cual se encuentran sus cenizas.

Pero, ¿hubiese estado satisfecha con el quehacer de su partido?

Para personas como Angie, el PPD representa el partido de la puertorriqueñidad; lo defienden ‘a capa y espada’ lo que perciben como la defensa del territorio nacional y de su comunidad cultural.

Es claro, no obstante, que el PPD también se ha trasformado en el partido de las corporaciones multinacionales-con el cual comparten un interés común. Ante la necesidad de crear una mayor cantidad de empleos para una población en constante crecimiento, el PPD se ha visto en la postura de defender las multinacionales, bien sabiendo los millones fáciles que entran a la isla por su presencia.

Pero, notemos la confusion implicita entre el PPD como ‘partido defensor de lo puertorriqueño’ y el PPD como el ‘partido defensor de las multinacionales’.  

Las dos no concuerdan.

Angie, ciertamente hizo lo que pudo con las herramientas que tenias disponibles.

Pero creo, en espirito del ideal e las intenciones profundas que la motivaban, que podemos mejorar la ruta que ella comenzó para nosotros.


Descanse en paz, vecina.

 

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