Is China such a good idea after all?

    If, ten years after World War II, one would have suggested that all US manufacturing plants be moved to the Soviet Union, nearly all leaders  of the United States would have denounced the suggestion.  The Cold War was moving into full swing, and it would have been perceived as a very foolish move, strategically speaking.  "Are you nuts?", would have been the dismissal response.  The reasons for the opposition  would have been obvious.  In the chance of war, these manufacturing sites could be easily taken over by the foreign government, leaving the US economy 'empty' of its precious resources, something akin to having a car without the physical presence of its engine--a car that goes nowhere. (By the way, all modern wars are 'industrial' in that their victory depends on the industrial success of their respective nations.)  They would have also pointed out that periods of drastic hikes in oil prices would drastically impacted whatever cost reduction of manufacturing overseas would have conferred.   In light of the traumatic German U-boat attacks on US merchant ships, the distance from one point to the other would have been forbiddingly dangerous.  If anything, it would have been better to establish plants in Latin America than elsewhere; they are, after all, our next-door neighbors. (Let us ignore, for a second, that the Soviet Union almost touches the US by Alaska.)  Finally, they might have pointed out that, in the long run it was extremely "anti-American": it took away jobs that created the market which, in turn, established a successful economy.  Yet fifty years later, that is what has been regularly occurring under the pretense of "globalization".    Blinded by the  the desire for ever increasing return rates of investment (China, after all, is the 'last great virgin market'), US corporations have, like rabid animals, gone to China in droves.  One has to ask, like previous generations before us asked, whether this unquestioned policy is economically-sound after all.  As my father used to say, "I though-so and I believe-so are friends of... dumb-so."

    ¿Es la China tan buena idea después de todo?

    Si, diez años luego de la Segunda Guerra Mundial, uno hubiese hecho la sugerencia que todos centros de manufactura sean movidos a la Unión Soviética, casi todos los dirigentes de los Estados Unidos hubiesen denunciado la sugerencia.  La Guerra Fría se estaba entruchando firmemente, y la movida sugería hubiese sido percibido como una muy tonta, en términos estratégicos.  "¿Estas loco?", hubiese sido la respuesta incrédula.  Las razones por la oposición hubiesen sido obvias.  De ocurrir una guerra, estos centros de manufactura podrían ser fácilmente conquistados por el gobierno extranjero, dejando la economía estadounidense "vacía" de sus preciosos recursos, algo análogo a tener un carro sin la presencia de un motor--un carro que va a ningún lado. (Dicho sea de paso, todas las guerras del periodo moderno son industriales, cuya victoria depende mas de su éxito industrial que cualquier otra cosa.)  También hubiesen señalado que los periodos de drásticos aumentos en precios del petróleo hubiese tenido un impacto drástico sobre cualquier reducción de gastos operacionales en el extranjero.  En luz de los ataques traumáticos de los uboats alemanes sobre los barcos mercantiles estadounidenses, la distancia de un punto a otro hubiese sido traumáticamente peligrosa.  Si cualquier cosa, seria mejor establecer centros de manufactura en América Latina que cualquier otro sitio; después de todo, son nuestros vecinos.   (Ignoremos, por un segundo el hecho que la Unión Soviética casi toca a Estados Unidos por Alaska.)  Finalmente, se hubiese señalado que, a largo plazo, era extremadamente "anti-Americano": quitaban trabajos que creaban un mercado que, a su vez, establecía una economía próspera.   Aun así, vemos cincuenta años después, vemos que esto es lo que ha ocurrido regularmente bajo el pretexto de la "globalización".  Cegados por eternos regresos sobre la inversión (la China, después de todo, es el 'ultimo gran mercado virgen'), las corporaciones norteamericanas han, como perros rabiosos, ido a la China en manadas.   Uno tiene que hacerse la pregunta, como generaciones previas hicieron, si esta incuestionada política es tan buena económicamente después de todo.  Como mi padre antes solía decir, "pensé que y creí que con amigos de... tonteque." 

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