Puerto Rico tiene que renovar su "Ley de Incentivos Industriales"--por ahora

    Cualquier joven idealista quisiera ver su país surgir económicamente, de tener orgullo de las entidades económicas formadas en su país con éxito local e internacional, tal como cuando uno siente orgullo por el atleta puertorriqueño Olímpico de rango mundial. (El amor a la 'patria' lleva muchos de estos idealistas a sacrificios personales para el bienestar de la nación que tienden as ser trágicamente obviados.)  No obstante, uno no puede estar ciego a los simples hechos de la vida y pretender que el desarrollo económico es meramente el resultado de nuestra voluntad para ello: lo que podríamos llamar "desarrollo económico por lamento".  Aunque estadísticas comúnmente utilizadas (curiosamente, el CIA World Factbook) indican que las tazas de alfabetismo en en un 94%, de acuerdo a algunos académicos la taza actual de analfabetismo se acerca a un 40%.  Aproximadamente 15% son analfabetas y un 27% son analfabetas funcionales.  Esto datos significan que, a pesar del tremendo énfasis puesto en el desarrollo de la educación como política pública, la isla carece del capital humano necesario para genuinamente producir una 'economía de conocimiento": una sobre la cual la innovación mismo podrá servir como generador financiero, mediante licencias por ejemplo.  La fría y 'dura' realidad del logro educacional (ausencia de), si verdadero, indica que la isla todavía no esta lista para soltar su actual mecanismos legales para el incentivo de industrias foráneas.  Hasta que la calidad y la cantidad de su sistema educacional es genuinamente reformado, que permita la generación de un cuerpo de técnicos, científicos e ingenieros auto-sustentables, para una economía autóctona, la conclusión en obvia: la Ley de Incentivo Industriales tiene que ser renovada--por ahora.

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