El Vicio del Historiador

    Si recuerdo bien mi historia política, creo que fue Alexander Hamilton quien observo que hombres reunidos en un grupo tendían a convertirse en una claque, creando su propio identidad e dinámica, olvidando así sus origines y los propósitos para los cuales habían sido nominados.  Como vemos en nuestra legislatura (tanto senado como camara), la atención de los candidatos rápidamente pierde su objetivo original (municipio) y se enfocan en la dinámica partidista y legislativa del ámbito social en que se encuentran, dejando por atrás el pobre 'jíbaro' que fingen representar.  La dinámica asume tan fuerte auge, que la silla se convierte en un chiste.  Personas que nunca se habían postulado en primer lugar, son renominadas a esta para cumplir ambiciones económicas y políticas: Pedro Rosselló 'representando' a Arecibo en el Senado de Puerto Rico.  (Aunque existen muchos otros ejemplos, el de el es el mas contundentemente obvio.) 

    Pero la observación general es una buena: aquellas personas que suben de rango o posición social tienden a olvidarse de 'los origines', de las fuentes que nutren su rango en primer lugar.  Es una dinámica que ha ocurrido repetidamente a través de la historia, quizás diciendonos algo fundamental sobre la naturaleza de la mente humana.  La historia intelectual occidental en un punto convirtió la metafísica, el 'estudio del mundo' en la lingüística.  En vez de enfocarse en el mundo que los 'universales' representan, rápidamente se cambio el enfoque hacia el lenguaje y formas de pensar (epistemología) representados en estos.  La caída durante el medieval, periodo de declive intelectual, elevo el estudio de la etimología como si fuese la ciencia exacta mas certera del mundo real.  Para aprender lo que era 'la vaca', por ejemplo, solo tenias que estudiar la palabra y su historia.    Afortunadamente, el mundo occidental no mantuvo esa postura por mucho tiempo.

    Dicha dinámica se pude igualmente observar en el campo de la historia, como disciplina humanística (al igual que otras disciplina aliadas).   El historiador se olvida de la realidad que pretende capturar, fácilmente pierdiendose en sus documentos escritos, presumiendo (o actuando de facto) como si estos constituyen la 'realidad del pasado'.  Aunque en muchas instancias no podemos dudar que estos son unas de las pocas fuentes que permanece en un conjunto socio-temporal, los historiadores tienden a olvidar que estos, en un sentido 'literal' (favor de excusar el 'pun') no son la historia per se.  Son solamente remanentes de eventos y personas que una vez ocurrieron y/o existieron.  

    Dicho olvido es lo que le ha permitido numerosos posmodernistas argumentar que la historia es meramente literatura, debido que el estudio de esta se convierte en el exclusivo método de entender eventos antecedentes.  Los criterios de evaluación en el campo rápidamente también se distorsionan por el exclusivo énfasis literario; lo que se utiliza para juzgar un estudio es la belleza de expresión, rápidamente olvidando sobre el 'mundo real' que dicho estudio finge analizar.  Mediante el proceso, el estudio histórico de cultura se convierte en una 'batalla de poder', como si la cultura existiese en un vacío.  René Marques tuvo éxito popular con sus obras y ensayos, no porque dijo verdades de nuestra sociedad, sino porque las expreso de manera amena.  El elevado análisis cultural se convierte en una mera batalla de agresores, a lo Javier Pagan Cruz.  A través de todo esto, el historiador, como el senador, es seducido por las palabras, olvidandose así de los 'orígenes' (el mundo real).

    El vicio del historiador se despliega a través de numerosas áreas, notadas por su exclusivo énfasis en la literatura.  La manipulación de símbolos (letras y palabras) se convierte en su tarjeta de status social debido el hecho que pocos en la sociedad la dominan.  

    No que esto sea 'malo' de por si.  La belleza de expresión, la frase sintética, y la idea original tiene sus virtudes e importantes funciones en la historia.  El problema consiste en que reorienta la perspectiva del historiador en exclusión de las demás fuentes de información por el mero hecho en que estas no constituyen 'símbolos'.  Como el banquero inversionista que, con su status de clase alta, se le olvida que las bases económicas existen en el suelo y en el diario vivir, el historiador opina que lo 'real' (imágenes televisadas, por ejemplo) no constituyen 'historia'--cuando es claro que la verdad es todo lo contrario.  Los periódicos que salen al día siguiente son vagas memorias de la realidad capturad en videocintas.    

    Los historiadores igualmente empiezan a debatirse entre si de manera tan critica y acérbica, presumiendo falsamente que estos están 'capturando' la realidad.  Se pierden en debates "historiográficos", argumentando cual es la mejor forma de realizar historia, perdiendo cuenta que una vasta cantidad de eventos reales se les escapan a través de sus propias manos.  La orientación excesiva hacia su propia claque, como el senador, previene que el historiador capture y se de cuenta de eventos y realidades que constantemente lo rodean.  Busca mil y unas excusas para reprimir estudios antagónicos con su no-anunciada ideología, fingiendo que en esta manera 'controlar al mundo'.  (Hay un dicho puertorriqueño que no se puede tapar el cielo con el dedo.)  Presume falsamente que tiene más poder de lo que actualmente tiene; se le olvida que la realidad no es de el historiador sino que existe independientemente de si mismo.  Mediante el proceso, para repetir, la cambiante realidad se le escapa de las manos, y de nuestra consciencia colectiva.  Mediante el proceso, crea un vacío cognitivo sobre procesos inequivoamente afectando su comunidad.  

    El vicio del historiador consiste en que se le olvida del hecho que es un mero historiador. 

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