Lo que objetos revelan de sus dueños y sus valores*

    Cualquier arqueólogo sabe por entrenamiento que los objetos revelan mucho de sus dueños: sus valores, sus preocupaciones, y sus esperanzas.  Los objetos religiosos con el cual se sepultaban los reyes del viejo Egipto son muy diferentes a los objetos de valor de un ingles colonial.  Mientras mas grande la brecha cronológica, mas relativamente fácil es identificar las diferencias comparativamente.   

    Pero raramente nos ponemos a pensar sobre los objetos que nosotros usamos cotidianamente.  ¿Que revelan estos sobre nosotros?  Me tope con unas cosas que mi padre había dejado luego de su fallecimiento, y creo que tirara algo de luz sobre el carácter del mundo en el cual vivimos.

    La diferencia de edad entre mi padre y yo era relativamente enorme, al haber sido padre por segunda vez 'tarde' en la vida.   El hecho que mi padre vivió la Gran Depresión les puede dar una idea de esa distancia cronológica y cultural; este perteneció a la "larga generación", aquella de la Segunda Guerra Mundial que había probado enormes injusticias y quienes se dedicaron a establecer instituciones para remediarlas. Quizás, por lo que vemos hoy día, habían sido demasiado exitosos.  

    Yo, por mi parte, pertenezco a la generación de las computadoras.  Y no eran las computadoras que conocemos hoy día, y del cual tan pocos aprecian: con poderosos procesadores que caben en el bolsillo y quienes están conectadas 24 horas al día. No.  Desde que fui niño, la mía no tenia conexión alguna, excepto a uno que otra impresora, y sus pantallas solamente aguantaban dos (verde y negro) o quizás tres colores (azul oscuro, azul claro, y negro).   

    No obstante, la brecha cronologia de los objetos de mi padre y yo--instrumentos de oficina principalmente--es bastante grande como para sugerir una interesante comparación.

    Los objetos de mi padre, en su esencia, estaban hechos de un gordo metal, que pesaban mucho, y que eran muy duraderos. (El hecho que los tenga conmigo luego de tener mas de 50 años en si es un testamento a su durabilidad.)  Vemos una ponchadora de 2 boquetes, una grapadora, una maquinilla de escribir, y un contador que pesa tanto que de accidentalmente caerle a uno en el pie ciertamente rompería varios huesos.  Dudo mucho que podamos decir lo mismo del ultimo iPhone.  Los objetos de mi padre estuvieron diseñados para perdurar largos años. Se caracterizaban por ser 'reliable': confiables y duraderos, que solo 'traicionarían' a sus dueños al ellos mismos morir.  Estaban diseñados para funcionar sin cesar por décadas, y posiblemente siglos--hasta que le fuese imposible de seguir andando.

    Por comparación, los objetos que me rodean son 'plásticos', pero no uso el termino despectivamente.  Su plasticidad es su virtud, en el sentido que son intimamente maleables, interna e externamente.  Veo un aguantador de papel plastico, un 'mini-servidor' PogoPlug de plastico, y una computadora portátil cubierta de plastico.  En comparación con la inmovible y eterno molde de los instrumentos de mi padre, los mios están en constante cambio y tienden a tener vida propia debido a su funcionalidad electrico-digital.   Sus sistemas operativos cambian de un año al otro, y su forma externa no esta diseñada para durar mas de 'tres' años.  Es raro que una computadora me dure 5 años, dando a un constante ciclo de cambio en su forma externa como interna.  Se adaptan al cambio, adquieren nuevas funcionalidades, y permiten una serie de relaciones en organica evolución. 

    Cada grupo de estos objetos de por si tienen consigo ciertas implicaciones sobre los estilos de vida de sus usuarios, y los valores que los aferran.

    Los objetos de mi padre daban un firme sentido de seguridad sobre el mundo que les rodeaba, debido que 'siempre' podían depender de la solida funcionalidad de sus objetos.  La pesada contadora nunca le iba a fallar en un calculo debido que estos eran realizado por el movimiento físico de las roscas dentro de ella.  Su enorme peso implicaba que robarlas seria difícil, y que por lo tanto se podía tener algún nivel de certidumbre que estarían en su lugar meses después de haberlas dejado en su sitio.  Sus acciones estaban basadas en las mas simples pero constantes leyes de física, intocables a menos que por una acción de 'dios' que modificara sus propiedades 'naturales'.  Si, había que cambiarles la cinta, y en una que otra ocasión la cinta podría salirse de sitio. Pero, a pesar de todo esto, la función intrínseca del instrumento no cambiaba.

    Los objetos digitales míos no podrían ser mas diferentes.  Su funcionalidad es completamente efímera, basada no en la 'leyes físicas del universo' sino en 'leyes humanas' impuestas dentro de sus ordenadores digitales.  Si durante una generación de productos, basados en la programación abierta (open source), otra generación trataría de 'privatizar' sus funciones, trastocando lo que antes eran funciones ordinarias y gratuitas, a unas que para poder conseguirlas tenias que pagar dinero para obtenerlas.  Lo que antes era 'natural' para un sistema operativo, luego se hace externo al mismo.  Lejos de la permanencia tomada como dado por la generación de mi padre, lo que vemos en los objetos contemporáneos es una eterna perplejidad sobre su constitucionalidad. Esto es sin considerar la manipulación de un agente externo en la misma, que modifique dicha funcionalidad sin que el usuario se percate de ella. 

    Mientras que los objetos de mi padre estaban claramente bajo su firme control, los objetos contemporáneos están sujetos a un constante cambia y cambia por parte de las corporaciones que las producen.  Los instrumentos de mi padre eran objetos que, una vez comprados, pertenecían a su nuevo dueño.  Por contraste, existe un constante 'tug of war' entre el propietario de los nuevos instrumentos digitales y las corporaciones que las producen, las ultimas constantemente intentando de fomentar una eterna dependencia del mismo, sugiriendo que los objetos digitales no son tanto objetos sino 'alquileres'.  Un programa no se 'compra', sugieren ellos' sino se 'alquila'--forzando al usuario en un constante necesidad de remitencias al quien lo produjo en primer lugar.  Mientras que la 'constitución' de los objetos, las reglas bajo las cales se regían, estaban firmemente estipuladas por la intocables leyes de física, la 'constitución' de los objetos digitales parece estar en una constante revisión.

    Para concluir, me parece que los objetos respectivos reflejan mucho de los tiempos en los cuales fueron producidos y, me atrevo decir, entre los ámbitos del 'estatismo' y el 'neoliberalismo' que los rigen.  Los objetos de mi padre reflejan aquella mentalidad de intentar de hacer el mundo mejor, para siempre, mientas que los objetos que me rodean constantemente de dejan saber sobre la continua participación de los entes corporativos que nos rodean.  Mientras que los primeros objetos eran 'regalos' para 'liberar' al dueño que los utilizaba, la relación con los objetos contemporáneos es mucho mas ambigua y menos claramente definidas.

    Ciertamente no me puedo quejar demasiado.  Sin estos objetos digitales, no hubiera escrito estas palabras y usted no las estaría leiendo.  El mundo digital permite una infinitud de posibilidades, y posiblemente sea esto lo que teman tanto las corporaciones que nos rodean.  Estas corporaciones, irónicamente, pertenecen al mundo de mi padre--un mundo estático y poco cambiante, en el cual reglas institucionales podrían ser creadas sin temor que estarían obsoletas meses luego de su creación.   La noción intrínseca a la corporación--la ausencia de responsabilidad de sus dueños--se basaba en la simple realidad de la dificultad de la manufactura, y por ende la necesidad de facilitar un ampio espacio en el cual desenvolverse.  Hoy día, este espacio institucional corporativo parece estar 'fuera de los tiempos' y desalineado con las tecnologías que las corporaciones mismas han creado.  

    Seguridad y permanencia por un lado, incertidumbre y constante cambio por el otro.  Estas son lo que parecen ser las diferencias principales entre los objetos de mi padre y los míos.

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