No rechacemos el pasado

    En el gran afán de la modernización, muchas sociedades han hecho el gran error de presumir que también deberían de rechazar sus tradiciones y su pasado.  Puerto Rico no es una excepción.  En la década de 1950, habían algunos que querían destruir a Viejo San Juan, eje urbano durante el periodo español.  Se alegaba que  se debería de destruir sus majestuosas obras coloniales para luego construir un pequeño Nueva York, así estimulando su economía.  Afortunadamente, el Sr. Ricardo Alegria y el Instituto de Cultura Puertorriqueña salvaron lo que ahora es un centro turístico y rica fuente económica para la isla.  No obstante, la lección se les ha olvidado a muchos puertorriqueños de hoy.  Destruyen majestuosos obras arquitectónicas en su afán 'modernizante', remplazando estas con un mar de brea para crear estacionamientos cuyo valor cultural y función económica son altamente cuestionable.  Poco saben estos lo que estimula una economía, y mucho menos lo que constituye el patrimonio nacional.  Imitan lo superficial, destruyendo así las ricas fuentes del progreso y la identidad puertorriqueña.   

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