El tesoro de una científica rebelde


Fuente: Centro de Periodismo Investigativo


Ana Roqué de Duprey, luchadora por el derecho al voto de las mujeres que sabían leer y escribir, se encontraba enferma en cama en su casa de Río Piedras. La trataron con leche salpicada de café, jugo de toronja y alcanfor. Tomó poción diurética, caldo y champán. Recibió poción para la tos, ventosas y cataplasmas en el pecho. Luego comenzaron a llegar las ofrendas florales. Era el 3 de octubre de 1933. Roqué dejaba tras de sí una obra científica de carácter olímpico que no vería publicada jamás.

Había trabajado durante casi 30 años en un libro sobre plantas y árboles que la consagraría como una de las divulgadoras de la ciencia más importantes del Caribe. Pero fue subestimada por Carlos E. Chardón, una de las autoridades científicas masculinas de principios de Siglo XX. Quedó inédita su Botánica antillana.

Para no estropear las páginas amarillentas y debilitadas por el tiempo, cubrí las manos con guantes de tela. Pasé con cuidado la cubierta del manuscrito primero. Apareció el dibujo de una palma real. Debajo se anunciaba el año 1925. Era la versión más pulida y completa encontrada hasta el momento sobre la obra: “Está para terminarse y se vende a una casa editora”, confirmaba una nota al calce de la portada.

anaroquedurpeybk.jpg, Feb 2020


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