La pregunta que CEREP nunca se hizo


por Rodrigo Fernós


Durante la década de los 1970s, una serie particular de circunstancias abonaron a qué se formara CEREP: el Centro para el Estudio de la Realidad Puertorriqueña.  Figuras ilustres, entonces académicos jóvenes, quienes habían llegado del exterior, se unieron para discutir y generar una serie de análisis originales sobre la condición puertorriqueña. Estos incluyeron académicos como Angel Quintero Rivera, quien regreso del London School of Economics, el historiador Fernando Pico, quien había venido del Johns Hopkins University, al igual que su colega Gervasio Garcia, proveniente con un grado de las Sorbonne de Francia. No fue el único al sociólogo Ruben Davila también haber realizado estudios graduados en Francia.  Otras figuras incluyeron a Jorge Rodriguez Beruff, Emilio Pantojas, Marcia Rivera y José Curet.

Aunque a la larga naturalmente cada uno fue por su propio rumbo en la vida, la verdad es que tuvo que haber sido algo muy especial haber compartido en aquellos años. Estos publicaron libremente, mediante folletos auto-imprimidos, que en el contexto postmoderno digital de hoy se ven como carátulas de niño. Pero, obviamente, fue la sofisticación del analisis que se encontraba detrás del estudio que era lo que importaba. Desde el 1971 hasta el 1984 publicaron sus panfletos, analizando una amplia gama de temas, desde la producción del azúcar durante el siglo XX, las elecciones, la geopolítica militar del Caribe, las instituciones universitarias, o los cambios sociales y culturales del país. Fueron muchos los asuntos discutidos, pero sin duda elevo enormemente el calibre de las discusiones que se estaban dando, en  lo que una nueva generación de académicos forjaba sus propias rutas 'irreverentes' por sí misma, como dijo Pico una vez. La semilla de sus estudios mas importantes originarían en aquellas viejas discusiones de cafe.

Pero hay una pregunta que el grupo nunca hizo, y que que nunca pudo haber hecho en aquellos años: ¿porqué no se ha formado otro CEREP?

La academia puertorriqueña ha estado asediada por largos años. Bien se sabe del ataque financiero a la institución, que ha dado a una perdida de casi medio billon en fondos, año tras año desde el nuevo milenio. Y no ha sido solamente la caída económica de Puerto Rico que ha afectado las finanzas de la UPR, sino que la formula del fondo estatal destinado a ella ha sido trastocado de pie a cabeza. Aunque la UPR estaba bien administrada financieramente, los tratos de la Junta de Control Fiscal con los bonistas ciegamente arrasó con las instituciones saludables de Puerto Rico--como si todas operaran bajo las mismas administraciones o esferas legales-administrativas. Para darles una idea de cuan aberrante ha sido el proceso, es como si se le cobrase a Microsoft por deudas que compañías como la Shell Oil tuvieran. La avaricia de contable ha sido ciega y abusiva.

Pero, aunque no hay duda duda alguna que el problema financiero existe, no es el único en juego.

Conozco personalmente de varios académicos graduados de las más altas universidades en Estados Unidos--Stanford, Harvard, etc--que solicitaron plazas a la institución, pero cuyos departamentos nunca se molestaron en emitir respuesta alguna. (Hay corrupción en el correo postal de Puerto Rico, y puede que esto también haya jugado un papel en tales historias.) Los incidentes coinciden con comentarios personales 'de pasillo'. Un académico en particular--quien termino enseñando en el departamento--noto que su resume había sido botado en el zafacón, a pesar de tener un grado académico de las mejores instituciones de Estados Unidos. (No era Ivy League formalmente, pero una buena institución académica no obstante.) Sin duda, no se valoriza el conocimiento en la isla, ni se le da deferencia o reconocimiento adecuado a quienes han sacrificado tanto para poder producirlo.

Hay otros problemas que se han acumulado uno tras otro, demasiados numerosos para detallar en este pequeño editorial, dando a que el aire de cultura académica que antes permeaba en la institución esta empezando a disiparse. Sus tallos se debilitan, sus hojas se marchitan y las flores que brotan de su ceno son menos nomersosas. Peor aun, aquel importante análisis que toda generación académica tiene que hacer sobre su 'realidad puertorriqueña' no parece estar ocurriendo. Puede que sea que algunos potenciales miembros se hayan movido a la política, o que otros ahora se encuentran en el exterior, sea Estados Unidos o Europa. Sea cual sea la razon, es el mismo resultado.

Aunque hay esperanza, un nuevo CEREP no surgirá en por lo menos década y media.  Mientras tanto, un cristalino espejo con el cual la sociedad puertorriqueña se pueda mirar a sí misma, proveyéndole importantes verdades y guías, parece estar perdido en las cajas del "lost and found".


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