El Senado Académico acaba de destruir la Universidad de Puerto Rico (Rio Piedras)...y a la isla


por Rodrigo Fernós


Antes de haber llegado a la Universidad de Puerto Rico, ya había notado ciertas inconsistencia entre sus criterios académicos con los que había tenido como estudiante de bachillerato en Estados Unidos.

Para exponer mi punto de referencia desde EU, como estudiante subgraduado uno tenía sólamente una semana para decidir los cursos que uno iba a tomar--lo que implicaba que uno tenía que estar no tan solo visitando las clases en las cuales ya se había registrado, sino también estar visitando otras alternativas disponibles de interés. Esto te permitía rápidamente (y algo superficialmente) ver si querías cambiar de profesores, entrar a una sesión diferente o simplemente tomar un curso totalmente diferente. Una vez que esa semana (o semana y media) pasaban, estabas 'locked in', 'atrapado' en los cursos de registro. Tenías que comprometerte a los mismos, y no tan solo cumplir con tus tareas, sino en efecto someterte al juicio del profesor--del cual no había manera en el mundo, excepto por la muerte--que podías salirte.

Lo beneficioso del sistema es que, como el matrimonio, comprometía las personas públicamente a sus responsabilidades, siempre bajo el temor del 'tirano Hobbeseano'--el cual ponía 99% de los estudiantes en línea. Las repercusiones podrían ser horrificas de no asumir tus responsabilidades y, de hecho, muchos estudiantes 'jíbaros' que sabían que no podían competir terminaban dándose de baja--algo que me entristecía, pero era para lo mejor del sistema: el mantenimiento de altos estandartes académicos.

Imagínese usted ahora mi completa sorpresa por lo que se estaba dando en la UPR, en el cual di clases mientras era un estudiante graduado. Para mí completo shock, averigüé que todos los estudiantes tenían hasta el último dia para dase de baja de un curso. El ULTIMO DIA, que significaba que, si no estabas satisfecho con la nota al momento, podías salirte si te daba la gana.  No había repercusión alguna en su récord. Todo, en fin, siempre en un estado contínuo de incertidumbre. Al no tener el 'lock in' de Estados Unidos, el estudiante no se veía forzado a tener que cumplir cabalmente con sus deberes; siempre podía usar esa tarjeta institucional "Get out of Jail" (como en el juego de Monopoly) para zafarse de una situación difícil.

Cierto a decir que la gran mayoría de los estudiantes de la UPR no optaban por esta solución, por razones que podemos especular. Desconocían de la trampa burocrática, o simplemente no querían perder su tiempo o el poco dinero que habían pagado por los cursos. Después de todo, de abusar la practica, a la larga dificultaría obtener un bachillerato al estar indefinidamente en cursos y convertirse en ese trágico (y patético) 'estudiante de por vida' que siempre rumba los pasillos como un eterno fantasma. (He visto este tipo de estudiante, el cual constituyen genuinas tragedias personales.)

Pero, con el cambio de reglamento que se dió durante el segundo mes de la pandemia, Abril 2020, cambió por completo el escenario. El 'ay bendito' que ocurría esporádicamente en una que otra ocasión se impusó bajo una estructura burocrática permanentemente, cuyo desenlace académico es enteramente predecible desde el principio: el colapso de estandartes en la UPR de Rio Piedras.

Veamos.

El reglamento que se pasó en pocas palabras dice que cualquier estudiante puede cambiar su nota a 'pass/fail' (aprobado o no-aprobado) no tan solo durante el periodo de cursos presenciales, sino hasta que el estudiante sepa los resultados finales de su evaluación (i.e. su nota final).  Una analogía religiosa es que, luego de tener una vida lleno de pecado católico, la persona opte por declararse santo, entrando al cielo en vez de al infierno.

Podriamos decir que el relgamento es de facto una indulgencia secular.

En efecto, el estudiante puede eliminar por completo su nota académica de un curso meramente porque no le guste o que le afecte su promedio académico.  Aunque presumimos que un estudiante que recibió una "D" en el curso pueda removerla--los peores casos  puedan tener alguna justificación--también se da la posibilidad que un estudiante que quiera mantener el 'lustre' de la perfección, sin actualmente tenerlo, también se acoja al cambio y 'botar' cualquier nota de su promedio. Es decir, el estudiante podría facilmente eliminar si quiere una "B" del registro de notas, para así mantener un promedio perfecto, por el cual pueda tener ese adorado 'summa cum laude' en su diploma--dando una falsa pero oficial caracterización de su labor universitaria.

Pero, consideremos cuan lejos se puede llevar esto.

Cabe la posibilidad el siguiente escenario. A suponer que un estudiante tiene que tener 24 cursos en total para obtener un diploma--un caso hipotético, por supuesto. El estudiante, en teoría, podría eliminar de su puntuación TODAS las clases excepto una--aquella en el cual saco una nota de A--para así al graduarse  reclamar ser un estudiante 'summa cum laude' de anotación perfecta--a pesar del hecho que pudo haber sacado notas de "D" en todos sus cursos.  Nadie sabría la diferencia.

Aunque este es un caso extremo y poco probable, fácilmente detalla lo que acaba de ocurrir en la institución: una automática degradación del valor de un diploma de bachillerato de la Universidad de Puerto Rico.  En el ejemplo hipotético que puse, al solicitar a un trabajo, el candidato quizás será el primero en ser contratado, debido al elevado rango que sus credenciales académicos oficiales revelan.  NO OBSTANTE, cuando el candidato comience a trabajar y inevitablemente revele sus crasas deficiencias, quedará muy obvio al pleno juicio que el diploma que la institución UPR le acaba de otorgar 'vale nada' al no ser indicativo de su actual calibre intelectual y posiblemente moral.

La universidad, en pocas palabras, acaba de dispararse en el pie al hacer una decisión tan aberrante e equivocada en Abril 2020.

Se alega que la razón por la medida se debía a la mala actuación de los profesores, tal como ejemplo el no asistir a sus clases. Sin duda alguna, ofrecer un curso por videoconferencia eleva enormemente la cantidad de trabajo preparatorio que el profesor tiene que hacer (para algunos) debido que sus acciones y expresiones van a estar claramente plasmados sobre una pantalla cuyo video  fácilmente puede ser grabado por uno que otro estudiante. 

No obstante, la excusa es francamente absurda debido que, aun de ser verdad que profesores no estaban asistiendo a sus propias clases, el estudiante podía  más que fácilmente haber tomado evidencia digital de la misma,  presentandola  a la institución para consecuentes acciones disciplinarias.

Por otro lado, la institución también optó por definir a estos manganzones como 'niños' en vez de 'adultos jóvenes' el cual lo son, y de esta manera empeorando la situación al eximirlos presencialmente de sus cursos.  Es decir, al definirlos como niños, no se les fuerza a cumplir con sus responsabilidades legales al exigirles demostrar su cara ante los demás estudiantes y el mismo profesor, que a prima facie se le hubiese hecho facil al profesor constatar su presencia.
Para cualquiera que tuvo la 'fortuna' de dar cursos por videoconferencia, se hizo patentemente obvio que algunos de ellos no estaban asistiendo sus aulas digitales, aun cuando sus iconos demostraban su alegada presencia virtual--particularmente cuando cómicamente hacían preguntas que acababan de ser contestadas unos poco minutos antes.  

Lo cierto es que el Senado Académico metió la pata de una manera abismal; no consideró seriamente la válidez de escenarios imaginados o de ideas superficialmente concebidas. Intentado de 'proteger a los niños', lo que han hecho es--a la larga--seguir empobreciendo y debilitando la única palanca de progreso económico que tiene la isla, su educación universitaria.

"Ay bendito", sin duda alguna.


upr drowning.png, Dec 2020

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