La cobardía de nuestros comerciantes y la eterna amenaza a la naturaleza en Puerto Rico


por Rodrigo Fernós



Las batallas contra el desarrollo desmesurado de las playas, tal como el que ocurrió con el Corredor Ecológico de Noreste (CEN) se repite tan comúnmente, que me hace recordar a la película animada "The Incredibles" (2004). Cuando el padre de familia "Bob Parr", un tipo de 'Superman', refleja sobre su situación, no puede entender porque siguen ocurriendo crímenes--algo como eternamente estar limpiando un cuarto que siempre regresa a su estado "normal" de sucio. "¿!Por que", pregunta el héroe animado, "no se puede mantener las calles libre de criminalidad!?" 

the incredibles 2.jpg, Jun 2021
Hay fenómenos sociales cuya relación no siempre es necesariamente obvia, pero cuando se consideran conjuntamente, hace pleno sentido como un fenómeno influencia al otro.  En este caso, podemos observar una correlación entre el nivel de educación puertorriqueño y la continua amenaza a la naturaleza en la isla.


Veamos.

Podemos empezar con una imagen de lo que debería de estar ocurriendo en nuestra economía, tomando el idóneo caso de Taiwan como ejemplo.  

Taiwan exporta semiconductores basado en sus innovaciones técnicas a tal punto que es un imprescindible líder mundial no-reemplazable.  Pese a su nivel, lo cierto es que tiene lo que Puerto Rico añora: una economía 'de oro' genuinamente basada en la ciencia y la tecnología. (Es por esa misma razón también por el cual la China se la quiere comer políticamente.) Nadie puede competir con Taiwan debido al sofisticado nivel de su ciencia y tecnología, que le han permitido revoluciones en los diseños de micro-procesadores, los cuales son comprados por NVidia, Apple, y todos los grandes comerciantes de computadores y/o componentes de computación. Independientemente de su problema con la China al momento, Taiwan es lo que Puerto Rico debería de ser:  una economía científica basada en su exportación de productos tecnológicos.

Ahora, regresemos a nuestra isla del Borinquén.

Ante la relativa morosidad del nivel educacional en Puerto Rico, ¿qué es lo que podemos observar como hecho cotidiano, año tras año?  Lo cierto es que Puerto Rico carece de la capacidad de sofisticada de innovación científico - tecnológico, y por lo tanto mucha de la actividad económica en la isla se reduce al lowest common denominator (denominador más común). Todos abren chinchorros,  algún tipo de restaurante o centro de comida rápida, debido que es relativamente fácil producir esos bienes para la venta al mercado consistentes con un cierto nivel mínimo de calidad.  No es muy complicado hacer un bacalao, un hamburger o una piña colada.

Los 'productores' locales más exitosos se enfocan en otro campo, pero cuyos rasgos de producción son parecidos a la anteriormente descrita: la venta del acceso a la playa, por el cual pueden generar enormes cantidades de dinero debido a la demanda por 'la playa' no tan solo en Puerto Rico, sino en Estados Unidos y otras partes del mundo.  La playa, la arena y el sol constituyen uno de los aspectos emblemáticos  de la vida relajada tropical, libre de presiones laborales, muy distante de un mundo de metal y concreto-gris, frio y mecanizado-y la añoranza de todo retirado Estadounidense.

Pero es obvio que este producto, el sueño de la playa, tiene serios problemas: es un producto 'no renovable', que por cada pedazo de playa que se vende, cohibe su deleite a las personas que residen en la isla.  Es decir, el rico comerciante asociado con el beneficio económico de la playa típicamente obtiene dicha riqueza inversamente proporcional a la pérdida de acceso de sus con-ciudadanos: un juego zero sum (suma cero) en la economía. La playa es un recurso limitado del cual, por cada individuo que lo obtiene, le cohibe el recurso a cientos de miles más que no pueden disfrutarlo.

Otra vez, debido a las bajas tasas de educación en Puerto Rico, dichos productos (los 'sueños de playa') son ofrecidos en el mercado a un alto valor debido su demanda--también debido al hecho que los puertorriqueños carecemos al momento de la habilidad de producir bienes de alto nivel científico - tecnológico para el mercado mundial. Es decir, en vez de estar exportando televisores y computadoras, cedemos cada año el poco de la playa que nos queda (y le pertenece a todos puertorriqueños por igual) para que unos pocos la disfruten. La playa, o mejor dicho la playa pública, es un recurso que cada año se va disminuyendo en tamaño y acceso.

Es por eso que la naturaleza siempre va a estar bajo amenaza en Puerto Rico, tal como el caso del CEN (2008) y decenas de otros ejemplares más (como el recien ocurrido con Eliezer Molina), que nunca parece resolverse debido a las dinámicas científico-tecnológicas que ocurren entre la educación y el comercio de la isla.

No será hasta que el nivel de educación científico-tecnológica se desarrolle  por encima de cierto grado que podamos finalmente romper el ciclo vicioso del asedio a la naturaleza en la isla, sea en la playa o en la jungla (como el caso de Ajuntas y las minas de cobre).



Hasta que esto ocurra--y no va a ocurrir por largos años--las luchas por las playas serán interminables, ocurriendo año tras año.  Como Bob Parr, todo ambientalista se estará preguntado '!¿cuándo va a parar?!'.  Sin duda, el proceso finalizará cuando todas las playas hayan sido vendidas y todos los residentes hayan sido sometido a la más brutal pobreza que cualquier naturaleza local nunca podrá remediar.

No creo que es una situación óptima de la cual los puertorriqueños querrámos vivir.

Discusiones sobre el mismo tema

URL de retroenlace : https://www.ictal.org/index.php?trackback/2567

Fuente de los comentarios de esta entrada