Julia Keleher, metáfora del fracaso de la educación pública en Puerto Rico


Fuente: Claridad


Mientras escribíamos estas líneas, se cerró el telón de la nefasta historia de Julia Keleher en Puerto Rico. La ex secretaria de Educación durante el gobierno de Ricardo Rosselló y el PNP, se declaró culpable de los dos cargos de corrupción por los cuales había sido acusada por las autoridades federales, que provocaron su súbita salida del puesto, y su arresto junto a varios de sus cómplices en la primavera del 2019. La admisión de culpa de Keleher, hecha por videoconferencia desde la ciudad de Philadelphia, en Pennsylvania, no debió sorprender a nadie en Puerto Rico, a pesar de que ella y su abogada, la ex fiscal federal María Domínguez, durante meses insistieron vehementemente en su inocencia.

A decir verdad, la incumbencia de Keleher en el Departamento de Educación fue accidentada y turbia, a pesar de que alrededor de su persona se tejió una historia de éxito como educadora e innovadora educativa que nunca pudo demostrar. Porque detrás de Keleher, como antes lo estuvo de Víctor Fajardo, y de toda la pléyade de secretarios y oficiales incompetentes, cuyo único mérito para ser nombrados en el Departamento de Educación ha sido pertenecer a una de las dos castas políticas (PNP y PPD) que se han turnado el gobierno en Puerto Rico, hay un cinismo monstruoso que han pagado con creces generaciones completas de estudiantes de nuestro sistema público. Este es un sistema que se ha ido corrompiendo desde su raíz y que le ha fallado al país porque, en la medida en que su presupuesto ha aumentado, y los controles sobre dicho presupuesto se han relajado, también se han alterado sus prioridades, relegando a los maestros y a los estudiantes al último escalafón de prioridad en la asignación de recursos. Esto, porque debía sobrar para el propósito de que ambas castas políticas retuvieran el poder, lo cual fue transmutando al Departamento de Educación en una gigantesca agencia de empleos donde los partidos colocan a sus más fieles allegados. De esta manera, mantienen el balance interno que les permite asegurar el control del presupuesto y apuntalar el poder del partido, y también complacer a los carreristas, cazadores de rentas y contratistas de todo pelaje que se acercan cada cuatrienio al Departamento de Educación a cobrar por los favores hechos a los candidatos políticos y el dinero donado a los partidos. Valdría la pena que algún día – cuando nuestro pueblo reivindique su sistema educativo-  se asignen los recursos para investigar los contratos recurrentes más cuantiosos del Departamento de Educación, y si los servicios que se contrataron fueron, en efecto, prestados, y si los mismos cumplieron un objetivo educativo legítimo o no.



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