Gustavo Adolfo Quiñones y el ombliguismo de la academia puertorriqueña


por Rodrigo Fernos

sofocracia.jpg, Jun 2021Sofocracia: El imaginario nacional de los intelectuales puertorriqueños, 1920-1940
Gustavo Adolfo Quiñones
San Juan, Puerto Rico: Editorial Puerto, 2016.


Cualquiera que quiera entender los persistentes problemas de Puerto Rico tiene que leer Sofocracia de Gustavo Quiñones. La inhabilidad de tomar acciones colectivas, el personalismo de lideres politicos que continuamente se pelean entre si por migajas o el enorme impacto que Estados Unidos y el colonialismo ha tenido en la cultura y mentalidad puertorriqueña son todos hábilmente captados en sus paginas. Incluso, provee explicaciones para muchos del los extraños eventos históricos, tal como el hecho que Luis Muñoz Rivera malentendio la naturaleza del sistema politico estadounidense, presumiendo incorrectamente que era una confederación.  Todos estos aspectos (y mas) hacen de este volumen un pequeña joya intelectual.

Sofocracia narra el debate que suscitó una encuesta en la revista Indice con respecto a la existencia de una nación y cultura puertorriqueña en 1929. Luego de unas primeras ilustradas observaciones por hombres como Ramirez de Arellano, Miguel Melendez Muñoz y Antonio Colorado, Pedreira lanza su clásica interpretación, Insularismo (1934), que luego suscito otras reacciones por intelectuales como Luis Pales Matos, Tomas Blanco y Vicente Geigel Polanco. Esta brillante discusión se la dejamos al lector para que se la deleite.  Es el tipo de debate profundo y honesto que raramente se encuentra en el foro publico hoy dia, por el cual tenemos que felicitar al joven 'mulato', como se autodenomina el autor, por su perspicaz aportación.

No obstante, vemos un enorme vacío en esta importante historia intelectual.

Sin duda, Quiñones no comete el grotesco y craso error que cometió Silvia Alvarez Curbelo al subestimar y gravemente distorsionar las ideas de los intelectuales que estudia en su El Afán del Porvenir 2001 (a tal punto que nos preguntamos porque realizo el estudio en el primer lugar). Todo lo contrario, en que Quiñones rinde una brillante síntesis y descripción de las ideas de la Generación del 30. Aunque a veces se repite innecesariamente, su error principal consiste en la ausencia de trasfondo intelectual que caracterizo todos los autores.  Fuese casi como si Quiñones desconociera por completo la historia intelectual occidental--una falla por el cual que se tiene que culpar mas a su director de tesis doctoral y el Departamento de Historia de la Universidad Interamericana, de donde originó el libro.  

Peor aun, no vemos al autor situar su obra en un mayor trasfondo historiográfico--algo que lamentablemente caracteriza una enorme parte de las obras relacionadas a la historia de la ciencia  durante la ultima década, lo que podríamos llamara el 'ombliguismo' de la academia puertorriqueña contemporánea.  Esta tendencia lamentablemente también lo explicaron los viejos intelectuales de la Generación del 30 en sus perspicaces observaciones.  Irónicamente, aunque Quiñones acusa a Pedreira del mismo insularismo que aflige la isla, Quiñones mismo también lamentablemente peca del mismo error.  

Es como si la historia intelectual-científica no existiera en Puerto Rico.



Esta laguna metodológica del libro resulta en varios problemas interpretativos. Quiñones le brinda mas validez a las ideas de Pedreira de la que ameritan, en el sentido que Pedreira (como toda persona) es una criatura de su tiempo y época. Por ende, Quiñones se pone a 'debatir' con Pedreira en vez de tratar de entenderlo en su contexto histórico. Pedreira, por ejemplo, ataca la noción de la democracia debido a la ausencia de ilustración en la población; decisiones hechas entre ciudadanos ignorantes y no-educados conllevaban un peligro para toda colectividad al cual pertenecen, abundantemente atestado por la historia. Pero en vez de entender esta observación, Quiñones la ataca como elitista y basa el titulo "Sofocracia" sobre el mismo; el positivismo Cometan sobre el cual se fundamenta nunca es mencionado en el libro. Pero Pedreira alude a un problema con el cual que todo pensador politico ha tenido que lidiar, desde Platon hasta Condorcet.  El sistema de educación publica, que hoy damos por sentado, fue primero establecido por Condorcet a los inicios de la Revolución Francesa; pero Condorcet no pudo ver su realización al ser afligido por el mismo problema que había identificado. La ignorante masas francesa llegaron a asesinar a uno de los científicos más importantes del periodo.

Quiñones en su discusión de Pedreira depende inordinariamente del arielismo de Jose Enrique Rodó, sin entender cuales eran las lagunas del pensador uruguayo.  Sin duda Rodó tuvo muchas observaciones perspicaces: la sociedad estadounidense se ha caracterizado mas por su énfasis en lo utilitario y la eficiencia que en la contemplación abstracta filosófica--algo que dicho sea de paso criticaban científicos alemanes al principio del siglo XX (y que los mismos científicos norteamericanos reconocían, al tener pocas contribuciones a la física teórica abstracta).  

PERO, el autor Quiñones nunca logra entender la causalidad de los patrones persistentes de la sociedad puertorriqueña--la inhabilidad de acciones colectivas--precisamente debido a la ausencia de dichos rasgos en la sociedad puertorriqueña. La predominancia de lo prudente, lo que se denomina como 'bounded liberty', fue precisamente lo que permitió la acción concertada de Estados Unidos.  Quiñones, por otro lado, no se percata de relación alguna entre el 'hombre profundo' y el protagonismo de la política puertorriqueña.  De semejante manera, se le escapa por completo la presencia del pensamiento escolástico que dominaba a Pedreira, específicamente el énfasis platónico en 'las esencias de las cosas', noción que fue descartada durante la Revolución científica.  Presume una contradicción entre "civilización" y "cultura" que francamente no existe.

Aunque podemos decir que esta reacción de Quiñones es entendible, debido a la 'biopolitica' anti-africana que Pedreira sostiene al confundir la raza con la cultura (un problema común hace mas de cien años atrás), Quiñones pierde la oportunidad de genuinamente entender como fue que Pedreira fue influenciado por la tendencias científicas de la época--algo que de por si hubiese elevado aun mas el estandarte del libro.  De igual manera, perdió una oportunidad de entender porque las colectividades tienden a despreciar lo Africano; no es solamente el color de la piel, sino también el bajo nivel científico-tecnológico, que los hizo sujeto a la cruel esclavitud colonial en primer lugar.

Mi critica a Quiñones se fundamente mas en la frustración de ver que el autor no pudo lograr mas con el material que tuvo, debido al no situar el pensamiento de Pedreira en su trasfondo. No es que Quiñones no pudo haberlo hecho--no cabe duda de la habilidad académica del autor--sino simplemente que no fue adecuadamente asesorado mientras escribió su tesis doctoral. Al igual que muchos otros historiadores contemporáneos que no logran situar el contexto mayor de sus estudios, tristemente tenemos que decir qué Quiñones se sitúa en el mismo ombliguismo (insularismo) que critica de Pedreira.

Y esto, junto a su decision de no seguir una carrera académica (optando por una carrera en leyes), constituye otra genuina tragedia  a la academia puertorriqueña. Pero la decision personal del autor es entendible. Cuando años atrás solicite a una plaza en la Universidad Ana G. Mendez de Bayamon, ¡me dijeron que "escribía demasiado"! Y no soy el único que ha tenido esta experiencia en la academia puertorriqueña en otras universidades.  (Demasiados académicos puertorriqueños tambien citan solamente a quienes tienen poder institucional, en vez de quienes son expertos en un campo y/o han realizado aportaciones a ese tema de estudio en particular.)


Como señalaron la Generación del 30, Puerto Rico esta plagado de mediocres y corruptos que obstaculizan su desarrollo.



Le deseo la mejor suerte a Gustavo Quiñones, y espero que--cuando tenga el tiempo libre como abogado--nos deleite con otra joya intelectual.

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