Despidan a los profesores mediocres de la UPR-Rio Piedras

por Rodrigo Fernos

 

No es lo mismo pretender ser un historiador o científico social que actualmente serlo.

Por mucho que pretenda serlo, Gerardo Hernández Aponte no es historiador. Meramente por haber sido sobrino del Cardinal Luis Aponte Martínez, Gerardo ha tenido beneficios desproporcionados a su actual habilidad académica—beneficios que nunca le fueron ofrecidos a otros historiadores de mayor merito. Como por 'milagro de Dios', Gerardo logró la temprana publicación de su tesis doctoral, y luego de sus libros, transcritos por su propia madre a la computadora y editados por una amiga para cotejar su ortografía y gramática. (Comunicacion personal) Poniéndolo de otra manera, Gerardo siempre ha dependiendo de la incansable labor de su entrañable madre (hermana del Cardinal) para su producción académica—la cual naturalmente no durará para siempre. Pero, a pesar de todas las ayudas que ha recibido, Gerardo simplemente no sabe producir una narrativa coherente histórica. El autor en la mayoría de sus obras se pierde en batallas con hombres de paja, y en esto tiene mayor semejanza a Don Quijote a pesar de lo mucho que físicamente se parezca a Sancho Panza. Aunque Gerardo se 'bota' en una exhaustiva investigación, el resultado es una interpretación incoherente y un cúmulo de muchos hechos dispares ausentes de coherencia interpretativa—excepto por el mero hecho se relacionan de alguna manera u otra al tema del libro. Así no se escribe la historia, y trágicamente nadie tuvo la decencia de obligarlo a un escrito digno de ser 'histórico' per se—resultando en años perdidos de investigación para el academico.

Otro académico que la UPR debería de echar por la borda es la arqueóloga Diana López Sotomayor. Por mucho que finja ser una seria académica y (como Donald Trump al cual tiene un curioso parecido) expresándose con mucha seriedad y convicción, el hecho es que dice mil y un disparates no muy distantes del Presidente de Estados Unidos. Diana se pinta más en serio de lo que el mundo académico la toma, algo que fácilmente podemos demostrar con el ínfimo número de autores que la citan (Google Scholar). A pesar de haber estado en la academia desde los 1970—la cual en su inicio aparecía en artículos de la prensa en El Mundo (18 de diciembre de 1975)—esta 'doctora' es una que poco ha logrado a pesar de las numerosas décadas que se ha trabajado en la academia. Luego de 50 años, sólo aparecen dos libros a su nombre en la UPR (Horizon, UPRRP) y número semejante de citas es la que aparece en Google Scholar. (Su obra mas famosa, “Cacaxtla: El lugar donde muere la lluvia en la tierra” fue publicado hace mas de 40 años atras, y ha sido citada solo 21 veces, de acuerdo a Google Scholar.) Me imagino que tiene que ser psicológicamente difícil haber obtenido fama al principio de su carrera, sin producir obras a la par con la expectativa que se tenían de ella. Claramente, el crepúsculo de la Profa. López ya pasó décadas atrás, y es hora buena que, con tan solo una maestría de la UNAM (Diana Lopez Sotomayor, “Vieques: un momento en la historia” Tesis, UNAM, Mexico City, 1975), se retire para que le abra espacio a otros arqueólogos más hábiles que ella. Frustradas feministas de mediocre habilidad cognitiva (e también irónicamente como Donald Trump) se tornan en cánceres sociales quienes destruyen lo bueno a su alrededor al exteriorizar dichas frustraciones.

Finalmente, otro profesor que debería de retirarse es el Prof. Rubén Dávila Santiago. Miembro del reconocido grupo de CEREP—constituido por importantes académicos como Fernando Picó, Ángel Quintero Rivera, y Gervasio García—el amigable y bondadoso Dávila Santiago también ha producido obras de poco de valor académico. El número de citas que ha recibido también han sido pocas para los largos años que lleva en la academia. Su libro más reconocido, El Mall (2005) fue importante por tocar un tema poco discutido pero imprescindible de un periodo histórico de los 1980 al 2000. No obstante, solo ha recibido 24 citas. (Google Scholar) Al leerlo uno se puede percatar rápidamente de la deficiencia de su investigación, sin un carácter analítico-sintético, pero rellenado de ideológicos vacuos posmodernistas. (Peor aun, demando a Ediciones Callejon, persumiendo un alto numero de ventas—sin considerar las dificultades intrinsecas al mundo editorial antes de su pleito.) Su panfleto "El derribo de las murallas" ha recibido solo 19 citas a su nombre.(Google Scholar) Sin duda alguna, el Prof. Dávila ha ayudado a muchos estudiantes encontrar su voz, al igual que ha servido de apoyo psicológico de estos durante momentos personalmente difíciles en su vida. No obstante, entrando a la UPR en 1980, ya han transcurrido 46 años en la docencia, lo cual también amerita un tranquilo retiro para este amable profesor—para así también abrirle el camino a académicos jóvenes y 'con hambre'.